¡San Valentín, te confieso que amo!

Debo confesar, aquí, abiertamente ante todo lector, que estoy completamente enamorado de mi perro. Y les puedo asegurar que mi perro también lo está de mí.

Cuántas expresiones y fórmulas hay para demostrarle a uno su amor. Unos prefieren las palabras “Te amo porque te odio. Te odio porque te amo”, otros, una mirada de mil versos o un gesto o un silencio compartido y entendido. Mil formas hay, todas bonitas, pero una tan curiosa como la del perro, que mueve la cola como si bailara samba cada vez que te ve. O la del gato con su ronroneo y su frotar con el cuerpo. Al no tener roedores y pájaros, no sé cuál es la forma que tienen para expresarlo, pero invito a todo el que lo sepa, que me lo escriba en los comentarios, que tengo curiosidad de saberlo.

Descubierto este sentimiento, quise indagar sobre el significado del amor y comencé a leer libros antiguos. Ovidio, poeta romano, en su obra “Arte de amar”, nos incita explícitamente a cometer adulterio, pero procurando no ser descubiertos. ¡Qué fresco! No me gusto esta idea. Reconozco que alguna que otra vez he acariciado a otro perro y que le he soltado algún piropo, lo he llegado a hacer incluso en presencia de mi perro, pero mis sentimientos siempre estaban con él. Más bien, los acariciaba por compromiso.

Seguí leyendo libros y topé con Platón. ¡Qué romántico este Platón! Veía el amor y la belleza terrenal como medio para comprender el mundo “divino” de las ideas. Una de las formas para llegar a un estado de espiritualidad sublime consistía simplemente en contemplar algo bello. Me alegré tanto ante la idea, porque, aparte de querer mucho a mi perro, sé que mi perro es el más bonito de todos los perros (puedo, incluso, demostrarlo científicamente).

Cerré el libro y me fui directo a la caseta de mi perro, que estaba durmiendo. Estuve una hora contemplándole para caer iluminado y entender la verdad de todas las cosas. No ocurrió nada. Mi perro se despertó y se fue a beber algo de agua tras darme un lametazo.

Pensé que, a lo mejor, Platón se equivocaba y seguí abriendo, leyendo y cerrando libros. Uno de ellos me causó gran estupor. Realmente, me asusté cuando este hombre llamado Avicena calificaba al amor como una enfermedad. Noté que mi pulso se aceleraba. Estaba preocupadísimo. Me levanté para llamar a la ambulancia, me tropecé con un libro y caí. Desde el suelo ojeé el libro de un tal Villalobos, médico de la corte real española en el siglo XVI. Este hombre también trataba el amor como una enfermedad. Pensé que me moría. Pero me alegré brevemente cuando vi que tenía cura. Según Villalobos, el enamorado, que carecía de toda razón, debía irse a cazar, pescar, emborracharse y otras cosillas que no puedo mencionar aquí.

¡No tenía escopeta, ni caña de pescar, ni siquiera un botella de ron! Llamé al 112 y me colgaron el teléfono cuando les dije lloriqueando que estaba enamorado. Sospeche que lo hicieron por resignación, porque mi caso no tenía cura. Ya era demasiado tarde.

Fui al médico con mis propios pies. Cuando le conté mi diagnóstico y mi próxima muerte, me tranquilizó inmediatamente. Me dijo que el amor era algo muy bonito y que más que una enfermedad era una virtud sentirlo. De un golpe, las nauseas, el malestar, la fatiga y los picores desaparecieron. Corrí a casa para consolar a mi perro. Le dije que todo estaba bien, que nuestro amor no era peligroso, sino, más bien, bendecido.

A raíz de esto, me canse de tanto libro y tanto filósofo. Me acordé que el día de San Valentín estaba próximo. Tenía que hacerle un regalo, ¿pero cuál?

Mis nervios volvieron a agitar mi corazón recordando los fracasos de los últimos sanvalentines. Este día de San Valentín es el día de la amistad y el amor. Debemos demostrarles a nuestros seres queridos, de la mejor manera posible, que los queremos. Pero soy un auténtico fracasado en este sentido. Un amigo me contó que el amor consiste en conocer completamente a tu pareja y, aun así, seguir queriéndolo con sus virtudes y defectos. Me llevé un gran disgusto porque pensé que no lo conocía bien. Me explico.

Hace tres años me aprendí unos poemillas de Bécquer y se los recite a mi perro para el día de San Valentín. Mi perro, una vez concluí, sin ningún gesto de cariño, se giró, dándome la espalda y se fue directo a su comedero. ¡Cuánto sufrí!

El próximo año, no quise arriesgar y tampoco quise ser original. Aposté por lo seguro y le compré una rosa. Pero caí derrotado. Cuando le acerqué la rosa al hocico para que oliera su dulce aroma, le dio un mordisco arrancándole la cabeza y tragándosela de golpe. Después se giro, sin más miramientos, y se fue a dormir.

Este año no quiero que ocurra lo mismo. No podría soportarlo. Por fortuna, desde que estoy en zooplus he descubierto la gran variedad de productos que hay para todo tipo de mascotas. Merece echarle un vistazo al grupo que hemos elaborado para hacerle regalitos a su mascota en San Valentín. Hay para gatos, perros, roedores y pájaros.

¿Qué le regalo a mi perro? Si pienso en algo saludable y divertido, puedo regalarle juguetes. Entre los juguetes están los que cuidan la higiene dental. ¡Qué más se puede pedir! Le estaré regalando ejercicio físico, diversión, compañía e higiene dental.

Pero no nos precipitemos, que las prisas son malas consejeras. Un Osito de Peluche o un juguete que flota en el agua.

Pero la cosa mejora. Puedo regalarle comida porque zooplus ofrece piensos con un juguete gratis. Aparte de diversión, le estaré regalando también una buena alimentación. Y, por cierto, todo muy baratito.

Pero falta algo. Les doy una pista: es una chispa de placer para el paladar y suele ser pequeño. Si un perro tuviese que describirlo, diría que es amor encarnado, fruto del paraíso, amor divino, enfermedad incurable y dulce adulterio.

¿Lo han descubierto?

Las tan ansiadas y agradecidas golosinas para perros: los snacks. ¡Mmmmmm! ¡Qué buenos son!

¿El amor puede ser tan fácil? Y si no le gusta a mi perro y emprende decepcionado la huída, puedo tener la esperanza de recuperarlo, porque le puedo comprar un colgante donde poner mi dirección: casa del enamorado.

Pero no quiero discriminar a los dueños de otras mascotas. Para gatos hay un precioso comedero de cerámica, snacks en forma de corazón de Smilla, una cueva, un rascador y muchos juguetes. Y todo esto al más puro estilo de los enamorados.

Por último, no nos olvidemos de los roedores y pájaros. Golosinas en forma de corazón, una casa colgante para cobayas, ratas, hurones y hámsteres; flores aromáticas para roedores y corazoncitos para pájaros.

Si no sabe lo que es el amor. Olvídese de todo lo dicho. Siga creyendo que el amor es una enfermedad, pero, si no es así, demuéstreselo a sus queridos. No olvide nunca acariciar a su mascota, decirle ternuras, jugar con él, tener siempre agua fresca a su disposición, darle algún snack y alimentarlo saludablemente.

2 Replies to “¡San Valentín, te confieso que amo!”

    • Hola Rosa
      Desde zooplus te aconsejamos que leas los comentarios de clientes que ya han probado el producto, allí encontrarás opiniones que te ayudarán en tu elección.
      Muchas gracias por tu interés.
      El equipo de zooplus.

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